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Últimas consolas tradicionales: Xbox Scarlett y PS5.

El juego en la nube pueda acabar siendo el futuro a largo plazo de una parte de la industria.

El anuncio de Google Stadia ha generado muchas dudas sobre el futuro de las consolas de videojuegos, y lo ha hecho en un momento crítico, ya que Xbox Scarlett y PS5 están casi “a la vuelta de la esquina”.

Según las últimas informaciones ambas consolas llegarán al mercado entre finales de 2019 y mediados de 2020, siendo ésta última fecha la más probable. Dábamos por hecho que habría una nueva generación de consolas que sucedería a Xbox One y a PS4, y también tenemos claras la mayoría de las especificaciones de Xbox Scarlett y PS5, ¿pero y si nos atrevemos a mirar más allá? Es decir, ¿qué habrá después de ambas consolas?

Es una pregunta complicada que nos obliga a tirar de intuición, ya que todavía ni siquiera han llegado Xbox Scarlett y PS5, pero al mismo tiempo es muy interesante. Figuras tan importantes como Cristiano Amon, CEO de Qualcomm, creen que el futuro del mundo del videojuego pasa por la nube, ya que permitirá disfrutar de una experiencia de juego unificada y estable, eliminando el coste que representa afrontar renovaciones de hardware para acceder a los últimos juegos del mercado y terminando, además, con los problemas de compatibilidad y de soporte.

Bajo el modelo de juego en la nube tenemos una idea sencilla: un software que actúa como cliente y comunica con los servidores que presentan el servicio de juego en la nube. La potencia del dispositivo que recibirá el streaming es algo secundario, lo importante está en la potencia de la plataforma que ejecuta el juego y lo ofrece en streaming y en la conexión a Internet del usuario que acceder a dicho servicio.

El juego en la nube pueda acabar siendo el futuro a largo plazo de una parte de la industria, pero no creo que vaya a acabar desplazando por completo el modelo actual.

Las consolas representan una parte importante de los ingresos de la industria, sobre todo cuando entran en al segunda mitad de su ciclo de vida, y lo mismo ocurre con los accesorios y los juegos. Poner fin al modelo actual elimina los ingresos derivados de la venta de hardware y también de la venta directa de juegos, lo que limitaría éstos al dinero obtenido a través de las cuotas y suscripciones de acceso al servicio, y también a los micropagos asociados a ellos.

Pero esto no es todo, el usuario todavía no está preparado para afrontar una transición de este calibre, para perder esa sensación de que tiene una consola capaz de mover juegos de forma independiente. Aquí entra en juego la idea de producto frente a la idea de servicio, un binomio en el que la sensación de tener algo en propiedad sigue haciendo que el modelo tradicional sea mucho más atractivo para el usuario.

 

Fuente: muycomputer.com

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